HERMANO ORO EN POESÍA

1 Jun

Con desahogo, de liberado lúdico, sin el designio de ir más allá de lo ceremonioso de algo enorme y brilloso, porque tenía que escribir, con áspera verdad, sin palabras ajenas, pero en grado genial y convergente frente a una silenciosa biblioteca de ideas, alzado en consideración, dónde he dejado pasar el tiempo, con todas las fuerzas de una nueva filosofía, que para todo escritor le pueda significar el arribo a las noventa plegarias. Siempre en el abrigo libidinoso y el mismo interés de mi movimiento cultural, artífice de un generoso cambio de seriedad, con diálogo renovador, a la vez que presentía una renovada sensibilidad, sobre una exigente armonía.

Como diferente y eterna subyace el claro deseo de poder conseguir el claro anhelo de innovación, con sabor y aroma de elegancia divertida, de un espumoso brindis, en estimulo extremo de triunfo insólito que combina ligeras y decididas provocaciones intelectuales de golosa vocación en plena apoteosis de amar la vida. Si volviera a escribir desde el principio, estoy seguro que el sol, es un sol poeta y me hubiera decidido, a seguir poetizando.

Si la pintura no me hubiese conmovido para desarrollar este instante utópico, de inspiración, por mis raíces, como seno de aquella comunidad particular, balanceándose entre la tremenda realidad que no era previsible, y que se enfurece en el metafórico contacto de mi energía, indica apenas mi disposición de ánimo para estrangular ambas decisiones y hacen de mi quien soy. Pero recapacito cuando un gran físico lo sentencia de esta manera. Todos tenemos una deuda con la muerte, que debemos pagar algún día. No piensen que esto es un artificio literario o poético, no quiero caer en eses torrente de alabanza, mi temperamento fogoso, que se inflama cuando estoy inspirado, en mi lírico desenfreno, es también el termómetro para medir el alcance de mi pensamiento plástico, como un franco espíritu de emulación y competencia.

Soy prolífico, generoso contento de su fruto literario diario de mi amado pensar donde sonríe el huerto cerrado de las ideas diabólicas de creativa sensibilidad y medrosa de inquietas frialdades que se abalanza a mis escritos, entre las sombras de una noticia, bajo la pupila que en bronca jadea desesperada. Cuando se huye de ciertas realidades, sobre todo si se piensa en universo, se está pensando en lo desconocido, y su realidad por tanto es desconocida, para mí, la unión de cosas visibles, realizadas a través del pensamiento poético, conduce a lo extraño, por eso yo por naturaleza presiento lo desconocido.

Todo te identifica y te distingue, muchas veces el aire transparente y la luz que te ilumina, o la misma piedra dislocada que camina, te lleva a recordar sobre tus viajes, cuando refería sobre mi vida por Barcelona España, ciudad de recuerdo palpitar, de luceros encendidos, un lugar que toda le vida la hice consagración de ofrenda, porque me ofreció un destino importante en la vida, con las plácidas horas del crepúsculo, prendió es llama desatada, por mi fiel adoración, al arte casi fanática que va creciendo al paso de los días.

Cataluña y España han de sentirse orgullosas de contar con la ciudad que reúne todas las condiciones intactas aún, para ser eje y espejo del Mediterráneo, con la lámina azogada que refleja, con una impávida neutra objetividad. Puedo decir sin temor de incurrir en la más mínima exageración, que desde sus y bucólicos orígenes layetanos hasta la palpitante, cruda y compleja realidad actual, me sé de memoria, su poema de amanecer, porque siempre he sabido amarla.

A la hora rosada del alba de invierno, cuando las brumas acarician el pegajoso sueño de las torres y los campanarios, la ciudad, sus perfiles borrosos se dibujan en el cielo como si la luz estuviera todavía pensándose los colores con que va a pintarla. Desde el cielo no se oye el ruido madrugador y rabiosos de su coche que van a las oficinas, a las fábricas y a los talleres. Sobre la bruma de invierno comienza a dibujarse la arquitectura extraña de la ciudad, comienza a construirse por las nubes, por los campanarios, por los tejados. Las formas surgen de esas espumas rojizas, como aquella Venus que pintara del dulce BOTTICELLI, entre velos de gasa y rizos de oro. A esas horas temprana se escuchan las voces de las campanas, hace unos cientos de años, y poder pensar cuántos amaneceres tiene un Siglo. Esas campanas le anunciaban a la ciudad, sus penas y alegrías, pregonaban las fiestas, avizoraba las naves enemigas, lloraban a los muertos. Tuvo Barcelona una hermosa historia, pero en lo personal me parece más hermosa conocerla por su leyenda, por su mito, por su fábula heráldica, y lo representó en uno de mis cuadros en honor a mis tres hijos catalanes, de ancestral magnitud ceñida de guerrera remembranza. solloza cultura.

 

HERMANO ORO EN POESÍA
Autor: Eloy Genaro Ramírez Jiménez
Origen. PERÚ.

 

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