Entrevista Elga Reátegui

2 Nov

Entrevista Elga Reátegui

Elga Reáteguipara
Elga Reátegui

Me concede una simpática entrevista Elga Reátegui hablar de La fugacidad del color (Lastura), quizá un poco en ‘fuga’ a sus cinco novelas y cinco poemarios publicados hasta ahora. Reátegui, nacida en Lima y afincada desde hace años en Valencia, presentará su nuevo libro el próximo 12 de noviembre en la sede de la SGAE en Valencia, en la calle Blanquerías nº 6. Comparto con vosotrxs a continuación algunas curiosidades sobre el origen y el contenido de este libro.

Ginés Vera: Comencemos por este título tan poético para esta obra tan particular, háblanos de esta elección.

Elga Reátegui: En primera instancia se iba a titular Cosas mías. Así se llamaba la carpeta donde iban a parar los relatos tras ser escritos. En verdad compartían archivo con mis poemas. Por un instante, pensé en la posibilidad de una obra conjunta. Luego descarté el proyecto. Creí que les asistía el derecho de ser respetados en su género. Los independicé como obra. Por tanto, también este conjunto de poemas tendrá su oportunidad de salir a la luz pronto. Sin prestarle atención al título, envié el manuscrito a la editora, y cuando me dio su visto bueno para su publicación, me sugirió cambiarle el título e incluso propuso ponerle el nombre de uno de los relatos. Le contesté que lo pensaría. Al segundo día acompañé a mi hijo a la consulta con su dermatóloga, y mientras esperábamos turno, nos pusimos a observar el cuadro que teníamos frente a nosotros. Unas rayas horizontales en paralelo cuyos colores, iban atenuándose o perdiendo brillo en cada nuevo trazo. Me dije que ahí estaba contenida o graficada la idea central del libro. Que las vidas y las emociones siguen esa ruta. La brevedad, el cambio, la no muerte, la transformación. Como la fugacidad del color, que se destiñe, se gasta, pero está ahí…

Ginés Vera: El prólogo de La fugacidad del color, lo firma el también escritor César Gavela. Incluye una frase en la que según Gavela tus microrrelatos “constituyen una gran metáfora de la vida del ser humano. De su cruel destino. De su dignidad y su coraje. Y de la literatura como salvación y consuelo.” Coméntanos ese punto de salvación y consuelo literario.

Elga Reátegui: Es su punto de vista como es lógico. Sobre el ‘cruel destino’, antes, de jovencita, poseía un sentido fatalista de la vida, que todo estaba escrito y que debíamos aceptar sumisos nuestras circunstancias  y destino. Entonces iba contra la corriente, sufría y me desgastaba. La mayoría ha experimentado esto. Unos se han quedado pateando tercos la misma piedra, mientras otros, han levantado la cabeza, visto otros caminos, y por ende, dejado de martirizar su pies. Creo que se puede aprender a vivir, hablo de actitud, de cómo afrontamos los problemas, conflictos y pérdidas, porque esta vida física es con frecuencia dura, inexplicable y en apariencia injusta.  Es lo que es, y lo que nos toca, pero la clave es levantarse cuantas veces sea necesario sin hacernos añicos por dentro, sin perder la ilusión. Respecto a la literatura como salvación, es probable que a algunos escritores -en su fuero interno- les sirva su labor de escritor en ese sentido. No sé si para darle significado a su vida. Desconozco sus conflictos y demandas. 

En mi caso, yo, Elga, tengo vida y propósitos más allá de la literatura. En cuanto al consuelo, tampoco asumo mi labor de escritora de ese modo. Reitero una vez más, en mis historias no hay enseñanzas, ni moralejas. No le digo a la gente cómo debe vivir o hacer respecto a tal o cual cosa.  Estoy lejos de sugerirle o imponerle mi verdad. Quizá a lo que aspiro es a sensibilizar a través de mis historias. Cosas que le pasan a la gente común y corriente en otro hemisferio o sociedad. Muy  lejano o tal vez a la vuelta de la esquina. Sin importar su raza o género. Yo cuento historias y tú me permites que te las narre. Tras la lectura, ignoro con lo que te vas a quedar. No tengo el poder cambiar la mente o el sentir de quienes me leen, esa es tarea suya.

Ginés Vera: Creo que la idea de estos microrrelatos arranca de hace tiempo, casi retomando un deseo literario-creativo allá por los años ochenta del pasado siglo, de querer emular a un periodista que publicaba sus minicuentos en Lima, ¿es así?

Elga Reátegui: ¡Qué bien documentado estás! Correcto. Vivía enamorada de las pequeñas historias que escribía Eugenio Buona en la página editorial del diario Expreso. Su columna se titulaba Trazos. Me sitúo entre los años 1989-1990. Por esa época colaboraba en el suplemento Estampa de ese diario. Devoraba sus escritos, los estudiaba, intentaba crear algo semejante. Ilusa yo. Estuve largo tiempo en ese empeño. No me salió nada. Fui incapaz de dilucidar si era relato o poema lo que cultivaba con tanta belleza y elegancia. En ese tiempo no se hablaba de microrrelatos, al menos no, en el medio periodístico, donde yo me desenvolvía.

Tal como sucede en la redacción periodística, escribir relatos u otro género literario, requiere oficio, experiencia, paciencia y persistencia. Es curioso, antes llegó la novela a mi vida que los microrrelatos. Por aquella época me contenté con la poesía. Consideraba que estaba más en mi salsa, ja, ja, ja…

Ginés Vera: En cuanto a la parte creativa, imagino que no es lo mismo encarar la creación de una novela de cientos de páginas que la de un texto de solo una. Aquí tu labor como periodista, ¿ha ayudado a sintetizar, qué ha sido lo más difícil?

Elga Reátegui: Sin duda, mi carrera de periodismo me ha ayudado mucho. De continuo escuchaba en mi mente la voz de uno de mis jefes de redacción, cuando me decía: “Quítale la literatura, tienes que achicar más la nota”. De ese afán de simplificar surgen una serie de dilemas: te gusta una palabra, pero la tienes que sacrificar por otra que sugiera o precise más.  O la reiteración de expresiones o las benditas rimas que aparecen sin querer y fastidian. Son breves pero dan arduo trabajo. Corriges y corriges, y de repente, hay más que mejorar…

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Elga Reátegui estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y se licenció en Periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza de la capital peruana. Ejerció su profesión en diversos medios de comunicación e incursionó en el mundo de la literatura con el poemario Ventana Opuesta (1993), al cual le siguieron Entre dos polos  Alas de acero, Etérea y En mi piel. Asimismo, junto al escritor y decimista, Pedro Rivarola (ya fallecido) publicó los epistolarios Correo de Locumba y Violación de correspondencia, además de la plaqueta de poesía Madera y fuego y el CD Abrazados. En 2007 publicó su primera  novela, El santo cura. La versión al inglés de ‘En mi piel’ se publicó en el mercado norteamericano bajo el título ‘Body maps’, en 2014. También ha publicado las novelas ‘De ternura y sexo’, ‘A este lado y al otro’ y ‘Y te diste la media vuelta’. Es miembro del PEN Club Internacional y de la Asociación Concilyarte.

 

La fugacidad del color. Elga Reátegui
La fugacidad del color. Elga Reátegui

 La fugacidad del color. Elga Reátegui. Lastura editorial. ISBN: 978-84- 9490-72-7-2

 

Gines J. Vera
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